Remedios y tratamientos con plantas medicinales

Una planta medicinal es fundamentalmente un ser vivo que posteriormente ha sido desecado para su consumo. Un ser vivo, como nosotros, tiene en su organismo una compleja estructura molecular, que debemos tratar de conservar lo mejor posible, para que su efecto sea beneficioso. Un medicamento es un principio activo aislado o varios. Es una fracción molecular que se ha podido extraer de una planta, pero que normalmente es de elaboración sintética, artificial. La planta es un conjunto muy grande de principios activos, que actúan todos juntos y gracias a su unión, de una determinada manera. Por eso, una y otra medicina, aun siendo medicinas ambas, no tienen relación una con otra, son absolutamente dispares. La medicina con las plantas exige cuidados muy especiales desde que nace la planta hasta que está lista para su consumo, los medicamentos no se cultivan, no son seres vivos. Ésta es la gran diferencia que separa ambas disciplinas, y no obstante, ambas pueden ser complementarias en ciertos casos. Las plantas, como conjunto de principios activos que son, tiene acciones más generalizadas en el organismo y la terapia en si misma con plantas ha de hacerse cubriendo una amplia gama de síntomas y terrenos patológicos, es decir, de forma holística, como corresponde a su propia identidad. Las acciones por tanto son suaves, no agresivas, no invasivas, no son dañinas para el cuerpo humano, empleando las dosis adecuadas, las usuales en fitoterapia. Los efectos secundarios de las plantas, que los pueden tener, aparecen a dosis muy por encima de las empleadas actualmente. No se puede hablar de efectos adversos sin hablar de dosis. La dosis hace que cualquier alimento o medicamento o planta sea nocivo, venenoso o beneficioso.